martes, 5 de febrero de 2013

Otra vuelta de cinta...pack


“El antiguo estupor de la elegía
 Me abruma cuando pienso en esa casa
Y no comprendo como el tiempo pasa,
Yo, que soy tiempo y sangre y agonía”
Jorge Luis Borges.



Nota: este derrape recupera partes de "Volver a mí". Cuando algo doloroso se dice, la angustia que lo acompaña se escurre por las grietas de la palabra. Y se diluye un poco la pena. Algunas cosas precisamos decirlas varias veces, de diferentes maneras, hasta dar con la fórmula que desbarate el nudo que suele ajustarnos la garganta.


No me va a alcanzar la vida para hacer todo lo que quiero.— Laputaqueteparió. Ponele.
 Por ejemplo, escribir de  una manera interesante/atrapante/que te mate de risa/que te cague de miedo/que te deje con la intriga y un largo etcétera. Es más, no me va a alcanzar la vida para poder escribir sin que alguien rompa los huevos, (o los “huevarios”, como decimos con la Gringa), de manera regular.

Si fuera por mi, quemaría todo lo que escribo.

El problema radica en que me tendría que quemar el cerebro, porque todo está escrito y guardado  ahí: tengo una memoria bastante buena para los acontecimientos biográficos; relatos oídos  e historias que empiezo a armar… Y esa memoria,  a veces burbujea cual caldero en Halloween.

NI hablar de cuando hace calor; viajo; abro alguna de las cajas que traje a principios del año pasado; o  veo fotos viejas. Todo eso me hace explotar, y siento que necesito cuatro manos (mínimo) para poder escribir lo que se me ocurre.

La escritura es mi forma de exorcismo personal y una manera de preservar cosas, de escamotearle algo al tiempo; respecto del cual, mi única certeza es la de que nos acerca cada segundo un poquito más a la muerte. Y cuando te moriste, chau. Fue. Porque no hay otra.
 Y cuando se muere alguien que querías, desaparece una parte de tu mundo, y el mundo de él o ella por completo. Odio ver como las cosas sobreviven a sus dueños, aunque admito que a veces me consuela conservar alguna gilada de mi viejo; mi abuela, mi tía. Otras, me desmoraliza.

De momento, fue el viajecito a mi antiguo hogar lo que me dejó con la sensación de haber recibido una patada en la naríz: mareada; desorientada, y con un dolor físico,  que no parece muy dispuesto a irse.

Whatever, resolví lo que tenía que resolver, y cumplí con el ritual de visitar el cementerio, so pena de que mi vieja me repudiara como hija (Cosa que creo que se plantea desde que nací: la pobre no entiende de dónde salí tan rara.) Y también porque sentía la necesidad de hacerlo.

Fui con los “huevarios” de moño, (normalmente me gustan los cementerios, pero era la primera vez que iba sola a la tumba de mi viejo); cosas para limpiar, flores y velas, no sea cosa que se me olvide algún paso del ritual materno y caigan sobre mí cien años de maldiciones…
 Y cumplida esta parte, me senté a fumar, como solíamos hacer con Papá cuando ya se había convencido de que yo no iba a dejar el vicio, y él tampoco.
Es curioso como los padres vuelven en los gestos: de golpe me di cuenta de que sostenía el pucho igual que él, e incluso fumaba medio de costado… De más está decir que me lloré la vida, cosa que me vino bastante bien, y pude dejarle  algo que había encontrado hace un tiempo.

Como  tengo que seguir remándola, en dulce de leche y con alfileres, más vale que le vaya encontrando el gustito…

El tiempo marca hitos a través de las mudanzas. Eso, y los ciclos que marcan las muertes, con su consiguiente desaparición de mundos, basta  para que me ponga a pensar en la conflictiva relación que tengo con las cosas. Y que sienta unas ganas tenaces de huir cada vez que pienso en abrir una caja… ¿Qué historias habrá?... ¿Podré?... ¿Por qué dejé de fumar?...
De momento, me espera el cuadro con las mariposas: la pintura, ese otro exorcismo. Arboles míticos y mariposas: mariposas azules.
Para la memoria.  


"El árbol de la Memoria" (mixta s/ lienzo) Viviana Werenczuk, 2013.


Puente bajo el mar
Me rondan
Tu nombre
Y la imposibilidad
 de tocarte,
como tantas veces.
Viento que roza otras aguas:
Te quiero cerca.
Ni siquiera
Nos unen  ya
las palabras:
las mías, van a morir
en tu silencio,
insondable
y extraño
como un puente bajo el mar.

viernes, 1 de febrero de 2013

Cuarto de Libra


Por  vos, le vendería mi alma al Diablo— dijo él, mirándola fijo a los ojos. Ella sonrió.
—No podrías…aunque quisieras.—le contestó, acomodándose un mechón de cabello coquetamente—Hace tiempo que yo le vendí la mía… Por vos.



Antes, los pactos con el Diablo eran algo realmente serio: una libra de carne, de la zona más próxima al corazón. Hoy, probablemente se resuelvan con una hamburguesa de Mc Donald's.

martes, 29 de enero de 2013

Des-velados...




Somos los de siempre:
los desvelados;
los rebeldes
(bien peinados);
los que trasnochan 
aunque madruguen;
los que esperan; 
los que juegan
con fuego,
apagado;
los que incendian la aurora
con la memoria
de una mirada.
Somos los de siempre:
distintos.

Derrape de última hora, dedicado a Marce y a todos los desvelados que se toman la molestia de leer (me).
Les debo un par de historias inconclusas, y las fotos ilustrativas: hasta el más porfiado de los calaveras necesita dormir, y juro que estoy viendo doble del sueño. La casa bien, la columna ahí; la cabeza despejada, lista para dormir.
Buena vida, "Narcisos". Os echo de menos. Sabedlo. 

jueves, 27 de diciembre de 2012

"¿Que sucede?"



Sucede que ya amaneció. Que mi chico me trajo el desayuno, y nos reímos, despeinados y con cara de sueño, mientras la manada felina-canina merodea por ahí, haciendo sus gracias a ver si liga una tostada.

Ahora, con el mate a mano, me preparo para el día T: con "T" de Traumatólogo, mitad cagada en las patas, mitad esperanzada.


Lo primero, porque soy una especie de Woody Allen: “Yo no soy un hipocondríaco, sino un alarmista. Y ésta es una fobia completamente distinta. De hecho, un alarmista es alguien que como yo, si una mañana me levanto con una llaga en los labios o dolor de uñas, pienso inmediatamente en un cáncer. Siempre voy directamente a lo peor. Naturalmente, inicio una serie de chequeos y análisis que acaban con una receta para una pomada”.

Bue, yo soy más o menos así. Menos que más, porque esta vez me hice la boluda, y vengo (como buena boluda), reptando hace una semana con un dolor pertinaz de lumbares, tratado a base de diclofenac y otras yerbas."Con el inyectable se te pasa", dijo el primer médico que me vió. Minga. Mejoré después de unas cuantas pepas, pero el sábado ya estaba en llanta de nuevo.

Pichicata again, me fui a ver a LA Reina. "Irresponsable", clama la vocecita dentro de mi cabeza, (esa que suele hablar con un tono sospechosamente parecido al de mi madre). Ponele, pero no me lo perdía por una contractura de mier...Así que me clavé la faja, y fui.

Y constaté que eramos una legión de brazos en cabestrillo; patas con férula y muletas, todos felices y esperando lo que hizo falta. Volví mejor: capaz Madonna tiene superpoderes, o a lo mejor eran las endorfinas. Haría falta una encuesta.

Pero algo habré hecho, porque el dolor volvió, en versión mutante: sube, baja, va a una gamba; a la otra; a la nuca y a donde se le cante.

Nuevo médico, en digna actitud de censura:"Que te vea alguien de traumatología, y que te haga como mínimo una placa".Mi cara de "Okey", en absoluto silencio. Carrera telefónica para conseguir traumatólogo antes de julio del año que viene. Lo logré.

Y de ahí la esperanza: de que esta tarde me vean y me digan qué carajo le pasa a mi cuerpo, a ver si repuntamos de una vez, y puedo dejar de estar tirada a lo Clarita (la amiga de Heidi), mientras se me van las vacaciones y el caos aumenta. Las otras posibilidades (las de las historias de terror), de momento quedan en suspenso.

Eso sí: empiezo a entender, (gracias a los muchos amigos que me prestaron oreja, chat y puteadas en estos días), que cuando uno no para; no habla, el cuerpo grita. A ver si esta vez me sale, y la corto de una vez por todas.

Lo que me queda de interesante, es lo creativa que se pone uno cuando tiene la movilidad limitada y una pila de cosas por delante: se te ocurren mil maneras distintas de hacer las cosas de todos los días, y empezás a hacer otras largamente postrgadas. Abrir cajas, por ejemplo. Y ponerte a pensar qué carajo vas a hacer con lo que encontrás adentro. Pero esa es otra historia.

miércoles, 19 de diciembre de 2012

Volver a mí

Me fui de viaje, medio obligada, medio con ganas: el pago siempre tira, aunque ya no sea igual; aunque uno haya sentido alguna vez que todo lo que quería era irse.

Como cada vez que piso la ruta, y paso Entre Ríos, viajo acompañada de tantas anécdotas que me mareo. La mayoría tiene que ver con un señor de ojos verdes, fumador empedernido; matero riguroso y viajero de los de antes. Esos, para los que manejar era un gusto y no le hacían asco a los kilómetros, en cualquier ruta y clima.

Viajar, para mí, siempre fue un placer. Esta vez también, aunque sabiendo que se trata del inicio de una despedida, (despedida interminable, pienso), llevaba su cuota de tristeza. “Saudade”, dirían mis amigos de Brasil. Saudade porque fue duro reencontrarme con lo que forma parte de mis primeros recuerdos, y el paso del tiempo suele pegarme una trompada en la naríz con eso de que lo que fue ya no es lo mismo.

Es, cuanto menos, raro, volver y que no estén tus viejos esperándote. Quedarte en tu casa, que ya no es tu casa sino la de una familia que, (por esas vueltas del destino), te quiere como si fueras una más.

Más raro es despertarte en el que fue tu cuarto y que ahora es el de otra adolescente rebelde, que te llama tía y te demuestra que te adora; que los hermanos más chicos (que también te dicen tía), se peleen por estar con vos, y mostrarte cuanto crecieron en esos meses en que no estuviste.  Más bien, no es eso lo raro: es amor, así de sencillo.

Lo verdaderamente extraño, es encontrarte con la que fuiste,  a cada paso. Y reconocerla: en su parte preferida del jardín, abrazada a su primer perro, el mismo que se iba a perder en una tormenta unos años después, dándole la primer noción de lo que son las partidas.
 O verla hamacándose hasta tocar el cielo con los pies, saltando de la hamaca con cuidado para:
1.       Que no te vea tu madre, no sea cosa que le de pánico que la tabla te pegue en la cabeza y te  mueras, como le pasó “al tío del primo del hermano de no se quien”. (Las historias de mamá casi siempre terminan con un muerto o dos, cabe aclarar).
2.       No aterrizar en los tablones de la huerta, esmeradamente hechos por papá y que van a proveer de frutillas todo tu verano.
3.       Ahorrarte la vergüenza de arrugar en el último minuto, porque te entro miedo de que la tabla te pegue en serio.

También, verla escondida en la copa del árbol enorme, el único al que decidió que podía subir, óptimo escondite para cuando sentía que estaba sola en el mundo, y ni los libros, ni los amigos (reales e imaginarios) servían de mucho.
Encontrarla tirada de panza en cualquier lado, “caída adentro de un libro”; sentada al escritorio haciendo tenazmente la tarea, mientras las amigas adolescentes alborotan par a ir a tomar un tere a algún lado; avistarla tomado ese tere, mirando a hutadillas al amor imposible de turno, sintiéndose desgarbada y rara.
Y así, en miles de situaciones pasadas, que conviven con los reencuentros actuales y las preguntas de rigor: “¿Te recibiste? ¿Te casaste? ¿Tenés hijos? ¿Dónde trabajás?”, todas de un tirón, y a las que respondés según quien pregunte.

Lo más bravo fue visitar sola, (estando acompañada), ese rectángulo blanqueado por el sol, con su cruz y su placa: todo lo que queda de mi viejo, materialmente hablando. Siempre me gustaron los cementerios, probablemente por el culto que la familia de mi vieja tiene con esas cosas; y porque me podía pasar horas mirando fotos e inventando historias sin que me retaran. Llámenle como quieran, para mí era un paseo más, y tengo unas cuantas anécdotas de miedo que dan risa. Pero esa queda para otra.

Pero la cosa se complica cuando empiezan a ser “los tuyos” los que están ahí…
 Por suerte la compañía ayudó con cuestiones prácticas, y cumplí con el rito familiar de la limpieza, las flores y las velas. Pude quedarme a solas un rato, y decirle (decirme) las cosas que necesitaba, o al menos un poco. Al lado de la placa, quedó la punta de cuarzo rosa que le llevé: algo así como una ceremonia pagana para sacarme este dolor del pecho, que llevaba clavado ahí hace más de diez años.

El mismo ritual, fue para la abuela: la misma que puteaba en Ucraniano, y era más buena  que el pan, detrás de esa muralla de rigidez y normas. “Haga bien, o no haga”, era la frase en castellano atravesado que más recuerdo. Y me decía чорний, chornyy, que quiere decir “Negra”. (De todos los nietos, soy la única con el pelo castaño… ¡como ella!)

Cada despedida es un encuentro, sostengo. Un encuentro con el mundo y con uno mismo sin aquello que se fue.

Y el mundo sigue ahí, hermoso y difícil, pero repleto de sorpresas. Sólo hay que encontrar la manera de soltar, de dejar ir, (de perder, si se quiere), para empezar a ver todo lo que está alrededor.

Creo que estoy empezando a poder: al menos, reencontré cosas buenas, como el afecto de tanta gente a la que jamás pensé que le importaría;  la charla compartida con mis primos, a los que hacía tanto que no veía; y tantas otras cosas que no sabía que extrañaba.

"Spring White", Frances Mcdonald.
Lo verdaderamente extraño, es encontrarte con la que fuiste,  a cada paso. Y reconocerla. Se vuelve menos extraño cuando te cae la ficha de que es parte de vos, que todo eso que fue, es lo que te lleva a ser quien sos: con tus pasiones; tus enigmas; tu ignorancia tus ganas y tu locura saludable. Esa, que te trae de vuelta a casa, sabiendo que el hogar no es un lugar físico, sino el  espacio en el que está tu corazón.

Volví. 

Quedan las ganas de más viajes, para más adelante, a dónde sea.

 Ahora sé que mi hogar está conmigo.  Siempre.

domingo, 2 de diciembre de 2012

De tackles, entrevistas y desconciertos.

Después del tackle que me puso la vida hace unas semanas, quiero contarles que estoy volviendo a escribir, sobre el amor (cómo no) y sobre los encuentros. 
Respecto del amor, un alma caritativa me alcanzó una entrevista a Jacques Alain Miller,  para que (cito textual) "aclares tus ideas respecto del tema". Nunca entendí qué pretendía quien la envío con eso de "aclarar ideas", ya que la  de este blog es, simplemente, darle rienda suelta a mis ganas de escribir, y sobre todo, compartir preguntas, haya respuesta o no.
 Desconcierto aparte, debo decir que la entrevista me encantó, y que abrió un centenar de nuevas preguntas, sobre las que pienso ir trabajando, construyendo y compartiendo. 
También hay otros proyectos, como un e-book de relatos breves (escritos hace un tiempo atrás), que se encuentra "in progress", y algunas cosillas más derivadas de ello.
Respecto de los encuentros, algo hay esbozado, que ya subiré. De momento, estoy volviendo de un viaje interior bastante doloroso, y ¡oh, sorpresa!, en los umbrales de uno "de verdad", que me lleva al encuentro de cosas queridas.Y digo encuentro, porque a pesar de que ya las conozco, siempre hay algo nuevo.
"Eso",  V.W, Acrílico sobre lienzo, 2012
 Esta vez, quizás sea la posibilidad de decir adiós, aceptando la ausencia y las heridas. Puede que así queden cicatrices: seguramente quedarán. Lo importante, es que voy al encuentro de lo que sea, sabiendo que las marcas son recuerdos de batallas; de amores; de sitios en los que estuve,  pero ellas, no pueden decirme hacia donde iré. Eso, creo que nadie lo sabe.
Nos leemos en la próxima.
PD: Sus comentarios, mis fieles seguidores, son los que abre el juego, así que los espero. Gracias a todos los que me acompañan, vía FB; por e-mail o por acá. "Se los quiere, sépanlo".

viernes, 16 de noviembre de 2012

Ahora que se que no vendrás más nunca.

Por lo general, la realidad siempre me agarra desvelada: con el pelo a lo Mafalda; una taza de café frío, incontables cigarrillos y, (si hay suerte), mi gato predilecto en la falda. Hoy no hubo nada de eso. Me pescó en la calle, en forma de SMS primero, y después, de llamada entrecortada. Y así me quedé: tratando de bailar con la más fiera, con la que siempre gana: la muerte.
Esa, que siempre me deja muda y con los ojos secos. Todo lo que se es que te fuiste, Gringo, y que todo lo que "alguna vez" ibamos a inventar, se fue con vos.
Me queda tu recuerdo: las risas;  la complicidad; el amor inconfesable proclamado a gritos cada vez que me cantabas "Mariposas";  alguna de Ismael; Nirvana, o lo que carajo fuera que me gustaba en ese entonces.El mismo amor que después se hizo palabra, y ahi quedó. Porque seguimos queriéndonos de otras maneras, serenamente y de lejos.
Hoy me dijeron que me dejaste una carta, que nunca va a llegar, creo. (O no se si es que en verdad, prefiero no enterarme.)
Estaba escribiendo sobre el Amor, pero no puedo, por ahora, dejar de pensar en todos los "¿Por qué?" que me arroja tu partida.
 Inesperada, como los encuentros, pero jodida hasta el hueso. A lo mejor, es también un encuentro: el encuentro con la vida sin vos, amigo irreverente; bufón y filósofo aficionado. Porque una cosa era saber que estabas por ahí, en el mundo, y otra, muy distinta, esta certeza que no tiene nombre. No estás más, excepto en mi corazón y en mi memoria. Ojalá que eso alcance para remarla.
Una vez, alguien me dijo, que la única certeza que tenemos sobre la muerte, es que algún día nos alcanza. Se olvidó de explicarme que carajo hacer cuando te alcanza la de otro. Supongo que no hay recetas.
Una de mis historias favoritas, (esas que vos llamabas "lecturas intrascendentes para quinceañeras"), dice que el último enemigo a ser derrotado, es la muerte. Creo que hoy ganó.
Cuando pueda llorar, van a volver a volar las mariposas. Hoy estoy hecha un nudo, y todas estas vueltas en palabras, tratan de decirte: "Hasta siempre", sin odiar el universo entero.
Amigo, espero que mi amor llegue, dondequiera que estés. Y si no, que al menos, me sostenga en la tormenta de tu ausencia.

"Qué maneras más curiosas
de recordar tiene uno.
Qué maneras más curiosas.
Hoy recuerdo Mariposas
que ayer solo fueron humo.
Mariposas, Mariposas,
que emergieron de lo Oscuro,
bailarinas silenciosas..."

Mi tiempo es sin vos. O con tu ausencia.
Hasta siempre, again.

domingo, 11 de noviembre de 2012

Amores titubeantes


Según mi amiga Silvina: "Dedicado a esas apariciones  "titilantes" de domingo por la tarde, que te dejan remando sola en el mar del  Ojalá
 Bien podría ser para el capítulo de los "Amores Titubeantes", esos donde los dos saben que es  amor, pero no terminan de darse por enterados. Y donde generalmente, cuando uno de los dos se percata del asunto (aunque sea por un instante fugaz, seguido de una especie de olvido mentiroso), huye raudamente. Y con ese acto, deja al otro solito remando en el mar de la (im) posibilidad.

"Ojalá"
Cada vez que te apareces
Confirmo que estás
 Tanto muy cerca
 como  demasiado lejos.
Las almas,
 no se tocan con las manos
Y los reflejos, tan sólo pasan.
Ojalá exista un puente sideral
que algún día
acorte el trecho; 
y que acabe
con la proximidad de tu distancia.





sábado, 10 de noviembre de 2012

¿Y ahora?

Las  preguntas suelen ser prestadas, suelo decir, porque a veces otro las pronuncia (sin saber) que son las que a  una se le atragantan en la garganta.Y también, creo que   las mejores, (esas que por lo general provocan hecatombes existenciales),  necesitan de alguien que nos escuche, para surgir. 

El título de la entrada es la pregunta que me prestaron. Y resonó. Y desfilaron mil cosas, y "cosos", como solíamos decirle al pibe que le gustaba a nuestra amiga...y/o a nosotras, en una especie de clave para que el sujeto en cuestión no se enterara. "El-no-tiene-que-saberlo", era la consigna tácita de aquellas adolescentes que alguna vez fuimos. Y claro, el pibe, si no andaba demasiado enamorado de otra o de la pelota de básquet, se daba cuenta. O alguno de sus amigos. Y surgían las situaciones más desopilantes, en cualquiera de las dos partes, pero que más o menos seguían un patrón según la diferencia sexual anatómica:
Ellos: Ignorancia absoluta (posta, no te registraban); indiferencia extrema (pasaban por tu lado como si fueras un poste); mirada fija con brillo malévolo (que generalmente te hacía tirar algo o tropezar, o lo que fuere); aprovechamiento impune de tu persona como fuerza de trabajo intelectual (vos hacías sus trabajos; los de sus amigos y después, si quedaba tiempo, los tuyos).
Ellas (Nosotras, bah): alerta obsesivo, registrando todo espacio posible el máximo de tiempo posible (no sea cosa que esté y no lo vea), con desvío inmediato de la mirada si la del sujeto en cuestión se cruzaba con cualquier cosa que estuviera en un radio de unos dos metros alrededor nuestro; escaneo con rayos láser de la persona del amado; investigación detectivesca (a lo Sherlock Holmes o a lo FBI, si lo prefieren), de sus gustos; rutinas y lugares; memorización de gestos; poses; detección automática de sus pasos; reconocimiento por el olfato a una milla de distancia... en fin. Todo eso en una pretendida, (y como dije antes, miserablemente fallida) intención de que no se supiera. De hecho, nunca decíamos nada. Más bien, nunca le decíamos nada.
Lo peor era cuando se trataba de tu mejor amigo. Ahí si que NO decías nada, (tampoco te delataban las conductas locas antes mencionadas, porque ya lo conocías);  y te quedabas horas filosofando; urdiendo planes para salvar el mundo; escuchándolo hablar de la chica que le gustaba y no le hacía caso; o cantar a  Silvio Rodríguez; Maná (o lo que fuera), guitarra en mano. Pero nada más.
Sucede que a veces, la vida sorprende con un encuentro, en el que un gesto se adelanta a las palabras, y se abre una historia: esta, es la de dos personas cuyo amor corresponde al de "mejores amigos."Su voz temblorosa dibujó  la pregunta, yo escuché, y escribí. No se la respuesta, pero estoy segura de que vale la pena jugarse la vida, de vez en cuando. Decir aquello que tanto nos empeñábamos en callar de chicas, y hacernos cargo de nuestro deseo. Aunque el mundo quede de cabeza.


¿Y ahora?
Resta saber
 que haré conmigo,
ahora que siento
como si dejara 
parte de mi alma
en el umbral
del hogar de los padecientes, 
mil veces desamparados de amor.
Resta saber 
que haré conmigo, 
ahora que recuerdo 
Mariposas azules:
Se alborota la memoria
y me pierdo,
 tratando de encontrarme
en un lugar distinto
al de tus ojos, esos 
que no son solo tuyos,
porque existen para mí cuando los veo,
despierta en sueños, 
y me recuerdan otros.
Resta saber
que haré conmigo,
con esos gestos
en los que se juega una vida, 
con esos dados 
sobre la mesa.


Nota: Ya lo leyó, y cuento con su consentimiento. Así que no temáis por mi vida.

lunes, 5 de noviembre de 2012

In Somne

Ojos abiertos sosteniendo párpados
 pesados de sueños esquivos.
Desvelada y esperando
lo que nunca llega, 
persigo mariposas
que se fueron.
Afuera el viento
canta 
tu nombre.
No cierro los ojos
porque no quiero
encontrarte
como suelo,
amarrado a mí.


domingo, 4 de noviembre de 2012

Acerca de la (Im)posibilidad del amor

Hace un tiempo que vengo pensando acerca de los amores imposibles, ese capítulo aparte de aquello que llamamos "Amor" a secas, y sobre el cual aun habiendo tanto escrito, nadie puede decir demasiado.
Es que el el Amor es personal e intransferible. Igualito al D.N.I. y a la vida misma.
 La paradoja es que, nuestra forma de amar nos define y a la vez, se dice que somos nosotros quienes definimos nuestra forma de amar.
Definimos, digo, para sortear con la ilusión de que "algo podemos", la patada en los dientes que retratan las palabras que dicen, (más o menos), "Uno no elije cual es la lluvia que lo calará hasta los huesos".Lease, uno no elije a quién amar. O si.
Si hay alguna certidumbre sobre el Amor, es que es inevitable, en cualquiera de sus modalidades. Y de estas, el amor imposible, es el que me ocupa por estos días.
Es que me pregunto: ¿Existe, acaso, la "posibilidad" como condición necesaria para el amor?. La pregunta gira en el aire. Mientras tanto, les dejo esto, que escribí alguna vez, para un amor (im) posible.


Mandamiento
El aire de la tarde huele a agua y jazmín,
Y si pudiera, habitaría
En el hogar de las tormentas.
Ni siquiera el mar embravecido
Ruge tan fuerte
Como el cielo.
O tal vez
Sea el sonido de mi corazón
Otra vez desbocado
Tras tu ausencia.
Es que nunca estás tan vivo
Como cuando te recuerdo,
Te pienso, te imagino.
Señor de mis noches insomnes,
Visitante eterno de mis sueños,
Presencia constante en la luz de mis días.
Nada tan amado y tan esquivo
Como tu sonrisa y tu abrazo,
Amigo mío.
Te llama mi voz
(Que no puede nombrarte)
Acercándote hasta mí,
Inestable y veraniega,
Impredecible y fugaz,
Pero sincera.
Eres otoño en mi corazón
Y luz guerrera.
En algún punto mi alma se perdió,
Huérfana de abrazos y sin voz.
En este ir y venir
de los espejos
Mi amor te espera,
más allá del fin  de las palabras.



miércoles, 10 de octubre de 2012

Ayer se cumplieron doce años del día en que nací de nuevo, por decirlo de alguna manera. "De alguna manera", porque todo lo que fue, se escurre un poco, por más palabras que agregue a la frase. 
Solo quiero que sepan que no me olvido de todas las manos y las voces, que me acompañaron y me ayudaron a volver, desde aquel caos oscuro, frío y repleto de dolor,  e hicieron posible que siguiera en la ruta.
Hoy, soy la misma, y no. Porque aprendí a ver cosas que antes pasaban desapercibidas; a valorar lo simple y a no confundirlo con lo "fácil";  a comprometerme en cuerpo y alma con cada cosa anhelada aunque eso suponga abandonar las ficciones de la seguridad. Y a apostar por lo que una quiere, eso que te mueve y te lleva a lugares en los que jamás pensaste que estarías, y te presenta nuevos amigos, nuevas experiencias y nuevos amores. 
Pienso que, cuando uno se encuentra cara a cara con su muerte, las idioteces (que hasta entonces eran tan importantes), dejan de importar y la "desprolijidad" de la vida se vuelve posibilidad. El resto, es trabajo. Saberse sólo, pero no aislado; saberse limitado, pero no inmóvil. Saberse desconocido de uno mismo, también. Y que todo eso vaya con vos, porque las marcas quedan, como recordatorio de dónde estuviste. Pero ni ellas ni nadie, pueden decirte a dónde vas. Eso es algo a construir. Y para construir es preciso estar vivo y animarse. Animarse a descubrir lo que te gustaría ser, en vez de estar siempre cumpliendo con lo que crees que esperan de vos. Por lo menos, averigua que esperan. 
Porque esperan, seguro. Probablemente, verte volver y sonreír, y ser capaz de afrontar este mundo difícil y hermoso y no las sandeces que a veces se le cruzan a uno por la cabeza. O capaz que si, pero esa es otra historia.
Gracias, por haber estado y seguir estando, más allá del tiempo y del espacio. Gracias por prestarme alas siempre, y también, por acompañarme aún en el vuelo más solitario.
En el fondo, estamos solos, pero antes del fondo siempre hay alguien con quien contar.

viernes, 5 de octubre de 2012

Caminando junto a otros, surgieron preguntas respecto de las huellas. He aquí una posible respuesta.



"Nada más efímero
que la huella marcada
en el polvo volátil del camino;
Nada más eterno
que su sombra,
grabada a fuego 
en la memoria oculta de los hombres.
Esa, que resiste y pulsa; 
volviéndose mar, obra y carcajada.
Esa, que nos habita sin decirlo

y se revela fugaz
en las palabras."

lunes, 10 de septiembre de 2012

Algo


Cuando empecé el blog, tenía la remota esperanza de perseverar, algo en lo que no soy muy buena, como lo demuestra lo errático de las entradas. 
No obstante, y a diferencia de otras veces, sigo aquí. Esta vez más dispuesta a lo posible, aunque el ideal chille y se retuerza cual vampiro ante la estaca. Es que mi deseo suele ir en pos de un ideal tirano, que la mayor parte de las veces lo obliga a quedarse quieto, contra su naturaleza. En vista de que no hay nada peor que frenar las ganas de hacer algo con lo que uno siente, decidí volver para dejar ese "algo", aunque después muera de ganas de borrarlo, cuando la "racionalidad" (más irracional que nunca) empiece a ver todas las faltas habidas y por haber.
A fin de cuentas, estamos hechos de palabras y deseo; palabras que tienen sustento más en lo que dejan fuera que en lo que nombran y son preciosas en tanto y en cuanto dibujan eso que queremos, que buscamos, pero que nunca terminamos de encontrar. 
La vida es búsqueda, y somos afortunados si podemos disfrutar de ella,  más que pretender encontrar eso que anhelamos y en el fondo, desconocemos. Porque siempre es otra cosa...
Gracias a mis amigos por la tarde de hoy, de libros; café y charla. En el frío habitaba el deseo, equívoco e inmortal: poderoso, al fin de cuentas. Gracias por rescatarme inadvertidamente. Lo que les dejo hoy tiene que ver con ese gran enigma que nos ocupa a todos de una u otra forma: el amor y sus sutiles formas de atraparnos; atravesarnos; escribirnos y descubrirnos.
Creo que fue Neruda quien dijo "es tan corto el amor y tan largo el olvido": mi pregunta favorita por estos días es si amor y olvido son opuestos; y si es posible olvidar cuando se ama. (Pregunta prestada, pero no por eso menos válida...)

"Arbol Ancestral", témpera y grafito sobre papel. Narcisa Sinfuentes, 2009.

Es inevitable el amor,
 e imposible el juego.
Por más que quiera
Se me acabaron las cartas
Hace tiempo.
Nunca entré a jugar,
Ni esperé encontrarte.
Tu ausencia es la que te nombra
Y  todo
Queda cabeza abajo
Cuando te pienso un poco.
Lo inevitable de amar
Está
y es como
lo que alumbra tu nombre.
Resta tan solo
Aguardar.
Quizá ,ocultarnos;
Ampararnos, esperando
Que se acabe la tormenta.
Pero la tempestad
Que ruge fuera,
Es sólo un pálido reflejo
De la hecatombe terminal
Que nos contempla
Desde aquel lugar
Hoy ya tan otro,
Que no nos deja
Ni nombrar
Yo, tu, nosotros.

lunes, 27 de agosto de 2012


"Retrato", H. Romanzini.
El hogar donde habitan las palabras
Que me habitan
Es el corazón.
Mi cerebro, pobre ordenador
De desórdenes posibles
Asiste perplejo
A las ansias de jugar
Poniendo el cuerpo.
Escamotearse a la muerte no es vivir:
Vivir es aceptar morir un poco
A veces.


                                             Yo misma. 4/12/2010

domingo, 15 de julio de 2012

Lo que cuentan mis sueños


Dejame que te recuerde. No como eras exactamente, sino como yo quiero creer que fuiste. (Ya sabes que la memoria es la mejor maquilladora, y que su asistente, el tiempo, termina mejorando cualquier escenario con más virtuosismo que el mejor artista.)
Me gusta imaginar que vuelves, con tu paso ligeramente desgastado: envuelto en esa omnipresente nube de cigarrillo, con los ojos más verdes que vi en mi vida, brillando de malicia. (Y cuando digo verdes, digo verdes como las hojas de los árboles al sol, o como las aceitunas, para ser más claros.) Traes una sonrisa de costado, y tu voz grave viene rasgando el aire con alguna canción melancólica. Un tango, preferentemente alguno que hable de soledad, y de cómo te las apañas con ella.
Cuando me ves, sonríes y me abrazas. Yo suelo apoyar mi cabeza en tu pecho, y escucho el latido de tu corazón.  Seguro me preguntas por qué estoy triste: mi mirada no te engaña, y algo saben tus años de las tormentas que se esconden tras una sonrisa como la mía.
Y entonces, me pones una mano en el hombro, y me dices que todo va a estar bien; que soy inteligente, hermosa y capaz de hacer lo que sea. Que lo único que necesito es tenerme confianza. Y trabajar duro, con amor. No hacer las cosas a la ligera, sino poniéndole afecto, dedicación. Alma, en una palabra. Y seguir adelante aunque todos piensen que soy un caso perdido, (o una chiflada, como dicen de todos nosotros en el pueblo).
Hoy sólo tengo tu recuerdo y la certeza de saber que alguien, una vez en la vida, me quiso tal como soy y me alentó a perseguir mis sueños por locos que fueran.  Quizás porque eran casi los mismos que no pudiste perseguir por cuidarnos, por querer darnos lo mejor, a tu manera.
Quería decirte que te extraño todos los días, y a la vez, no pasa uno sólo sin que sonría con tu recuerdo. Tus grandes blasfemias y ocurrencias deberían estar en una suerte de diccionario, lo admito.
Tu estrella brilla alta en el cielo; hace frío, y yo sigo el ritual del mate paso por paso. Lástima que no podés salir de mi memoria, y venir a bardearme porque lo tomo dulce;  con yuyos y la bombilla de costado. Lástima que no podemos cantar juntos, ahora que mi profesora descubrió que tengo voz de tango, y los teclados y la guitarra están ahí esperando. Lástima que no puedas escandalizarte con mis mamarrachos artísticos y disfrutar de los dibujos de Héctor; o enojarte porque hablo Inglés muy bien, pero de Ucraniano, nada.  Y de paso, burlarte de la música que escucho, “esa que es puro ruido”. ¡Ay, Pedrito!
Lástima, que ni siquiera todas las palabras del mundo, me alcancen para contarles a los demás cómo eras, y defenderte de los perfectos refutadores de leyendas que te atacan ahora que saben que no podés contestarles.  Porque te defiendo, siempre.  Al fin y al cabo, eras un hombre, con su parte áspera, sus vicios y sus excesos. Pero también, fuiste el que me regaló las alas con las que pienso volar, hasta que volvamos a encontrarnos.
¡Ah!  Dicen que tengo tus ojos… Pero no les creo: para mí, es el reflejo de los tuyos, que me iluminan desde algún lugar.
Hasta siempre, navegante. Nos vemos en el próximo sueño.


viernes, 6 de julio de 2012

Córdoba, ciudad de mis amores.


"La Murga Trasnochada", Héctor Romanzini, 2000. (Acrílico y óleo s/ tela.)

Creo que es posible enamorarse de cualquier cosa. De una ciudad, por ejemplo.
Recuerdo esa primera entrada a la ciudad, con mi viejo manejando bajo una llovizna de verano por una  avenida Colón llena de gente, puteando por el tránsito, y mirándome de reojo a ver si me asustaba  y decidía volver a casa sin inscribirme en la facu. Si hubiera podido leer mi mente, o escuchar mi corazón entonces, habría oído esa frase que determinó en gran parte mi vida hasta hoy: “Acá quiero echar raíces”. Si señores, la “gringuita de pueblo acostumbrada a que todo estuviera a tres cuadras y no tuviera más de dos plantas”,  ya estaba enamorada de este laberinto de historias; tonadas y experiencias de vida; arte; amor y muerte.
Agradezco cada día que amanezco en Córdoba, los amigos que encontré y las cosas que descubro a cada paso. Y es que esta ciudad se presta al descubrimiento para el ojo atento.  “Como todas”, me dirán.
Al margen, adoro sumergirme en el caos y el bullicio de sus calles, repletas de personajes y frases memorables, que te toman desprevenida y te arrancan la carcajada a pesar tuyo. Es que sólo en Córdoba hay un apodo certero cada cinco minutos; el tunga tunga inevitable del cuarteto;  viajes en bondi dignos de una película de Alex de la Iglesia, y al mismo tiempo,  otra ciudad, una ciudad fantasma que se alza justo encima de la que vemos, plagada de historias que desconocemos y nos esperan ahí, ansiosas de ser descubiertas.
Transitar sus calles es una invitación a la paradoja:  a descubrir  universos completamente diferentes coexistiendo y atravesándose mutuamente a cada latido. Universidad; ciencia; arte; idiomas de todos los puntos del planeta, mezclados con el fernet; los alfajores y el cuarteto. Todos dignos de ser explorados, con los ojos bien abiertos y el oído libre de prejuicios…si es posible.
“Camino con cuidado porque no sé los huesos de que antepasado estaré pisando”, decía Arturo Romanzini. Frase que me lleva a pensar en cuánto desconozco este lugar, y a imaginar historias de personajes célebres; pasadizos ocultos, amores y traiciones. Historias que, iré descubriendo mientras recorro las calles de esta ciudad que elegí, y que de alguna manera, me eligió también. 

viernes, 23 de marzo de 2012

Tiempo

A veces es difícil volver de los recuerdos, pero estoy segura de que es infinitamente peor no viajar hacia ellos. Y en verdad, ellos vienen a nosotros, sin pedir permiso. Se escurren por las grietas de la prisa cotidiana, despacito y en silencio. Crecen y se extienden, como árboles más o menos luminosos, que a menudo nos arañan la piel con sus ramas cuando estamos desprevenidos. O nos sorprenden con una flor de luz; el fruto dulce de una carcajada atrapada en otro tiempo. Otro tiempo que en realidad es el mismo, porque los minutos se tejen y se entrecruzan como tapices...mucho de lo que está hoy, depende de lo que fue ayer. Y el ayer tiene límites imprecisos: ¿Quién sabe dónde termina?. "Hoy" es un concepto que fluye, se nos escurre de las manos y pasa a ser "ayer" en un parpadeo. "Ahora" acaba de pasar y está siendo.
Honestamente, creo que el viaje no es en línea recta, sino a través de las vueltas de la memoria. Y somos afortunados de tener compañía. 

jueves, 1 de diciembre de 2011

...Quise quedarme pero me fui...

Así dice una de mis canciones favoritas, "Filosofía barata y zapatos de goma". Me fuí, porque últimamente parece que el destino busca convertirme en experta en materiales de construcción y técnicas de plomería. Y no me dan ganas de escribir sobre eso. Rotundamente, no.
Ya lo dije antes: ni el CSI sabrá lo que pasó con las cañerías de casa; sólo espero que no encuentren a Godzilla o a la minita de "La llamada" viviendo ahí abajo.
De momento, estamos en obras. Y yo estoy aprendiendo a no desesperarme con las mil y un demoras de los chabones que, hay que reconocerlo, son unos capos. Ni en pedo me meto 17 metros bajo tierra.
Me están llamando: probablemente porque alguien se olvidó de traer algo, y voy a tener que ir a putearme con el proveedor de áridos; aros para pozos o lo que corno sea esta vez. Les dejo una fotito, para que se hagan una idea.

Siempre tuve la fantasía de que vivimos sobre un hormiguero gigante, y por ahí andan los bocetos que hice en alguna que otra espera. Pero la realidad siempre cachetea a la ficción. Ampliamente.